Estudios de Género

Entre silicón en el trasero en Colombia y cincuenta anillos en el cuello en Birmania, de cara maquillada y tacones altos en Rusia, a mascarillas de barro y sandalias en Namibia, y si es un cuerpo con cintura de avispa en Inglaterra, o redonda y grande en Taití, todas somos mujeres.

Por otro lado, si nuestro éxito se mide por el número de monos que cazamos con cerbatanas en Brasil, o la cantidad de dinero que tenemos en una cuenta bancaria en Suiza, el número de los niños siguiendo el negocio del petróleo en Saudi Arabia, o el tamaño de bíceps en Estados Unidos, de 18 horas diarias de trabajo en Japón a cuántas olas surfeaste en las playas en Australia, todos somos hombres.

Y si buscas una versión oficial como la de 1949, de Simone de Beauvoir, “una no nace mujer, sino que se hace mujer”, o entiendes que los estudios de género existen desde el nacimiento de la humanidad, en ambos casos hablamos del mismo campo: la construcción social de las diferencias sexuales en un momento o lugar histórico dado. Y si es desigualdad hacia las mujeres, o investigación sobre masculinidad y diversidad sexual (gays, lesbianas, transexuales, etc.), o simplemente construcción cultural de los géneros y sus roles, hablamos simplemente de qué significa ser una mujer o un hombre, y como sabemos perfectamente, las diferencias son grandísimas.

Aún con que la sexualidad de los seres humanos es de carácter biológico, el género, el rol sexual, esta definido por normas sociales. El género sexual que poseemos cada uno de los humanos, no es innato, sino que lo hemos aprendido por medio de las instituciones familiares, la cultura, la educación, la comunidad, las relaciones interpersonales, grupales, normativas. Es por esto, que los significados pueden variar de acuerdo a todos estos factores.

Estos géneros, originan una serie de creencias sobre lo que se considera apropiado para hombres y mujeres, llamados estereotipos de género. Estos estereotipos son la feminidad y la masculinidad. A su vez, estos estereotipos dan lugar a los roles sexuales, o la manera en que se comportan hombres y mujeres en su vida diaria y cotidiana.

Y, ¿Cómo te percibes tú como mujer latina? ¿Virgen hasta el matrimonio? ¿O tienes suficiente rebeldía para disfrutar esta conexión amorosa antes? ¿Matrimonio hasta la muerte? ¿O prefieres relaciones verdaderas donde no hay precisamente príncipes sobre caballos blancos que duran lo que duran? ¿Quieres desarrollarte como ser humano pleno y salir de las porquerías de las telenovelas? ¿Te vas a dedicar a ser solamente madre sobre protectora, esposa celosa, y jamás salir de la cajita social que tu cultura te había preparado? ¿Quieres pretender como niña buena que en cada evento familiar pone su carita inocente, o volverte un socio verdadero para las personas alrededor de ti?

Tenemos muchísimos estudios que tratan de explicar el origen del género en los seres humanos, creados a partir de las maneras de organizarse que han tomado las sociedades a lo largo de su historia, creando enormes divisiones en los roles de hombres y mujeres. Así con estas separaciones clasificamos el rol de la mujer desarrollado en el espacio de su hogar por su capacidad de gestar y amamantar a los hijos, incluso cuando cualquier adulto puede estar al cuidado de ellos sin ser imprescindible la presencia de la madre. Por la cercanía de la mujer con el lugar de su casa, se ocupó entonces con el resto de las funciones vinculadas a este espacio.

Profundizando en este concepto encontramos que a la mujer se le da el poder de garantía de su continuidad como especie, propiedad de la que el hombre carece. La inseguridad de este último acerca de la paternidad de los hijos y la necesidad de certeza sobre este tópico al momento de adquirir riquezas y querer transmitirlas a sus descendientes, fueron condiciones propicias para introducir su idea de control sobre la sexualidad de la mujer, por medio del matrimonio y la delimitación espacial de la casa, como garantía de seguridad para la paternidad de la descendencia y de la conservación de los bienes acumulados.

Y tú, ¿Te ves solamente como hijo bien portado que escucha a su familia que elige nuevas candidatas para matrimonio para ti? ¿O como ser humano libre que vive la vida que verdaderamente quiere?, ¿Te volviste un cabrón que no puede ver nada más afuera del “éxito profesional” y aunque tiene cosas externas, por dentro está vacío y tiene sensibilidad al nivel de cucaracha?, ¿O mejor prefieres volverte un ser maduro y completo que sabe que existen mundos y realidades fuera del ego?

La existencia de una sociedad homogénea y sin género definido es un tema de discusión sin evidencias determinantes, un callejón sin salida. Pero las maneras en que se dan las relaciones entre mujeres y hombres, y los roles asignados a cada uno, podemos observar que tienen variaciones de una sociedad a otra, lo basa el concepto del carácter construido por la influencia del género, la influencia cultural.

Revisando toda esta diferenciación y identificación de los géneros, encontramos que las consecuencias sociales que provoca no son las mejores o socialmente deseables. Esta diferenciación del género tiende a generar choques cuando se intenta imponer una sobre la otra, así como ocurre cuando hablamos de razas o religiones, y estamos hablando de ejemplos como misoginia, homofobia, machismo, parejas violentadas, heterosexualidad obligatoria, incluyendo la “normalidad”, como si este concepto no se encargara de estandarizar lo aceptable y excluir aquello que la sociedad concibe como “fuera de lugar”. Dentro de estas clasificaciones que las sociedades hacen, se incluyen mecanismos legales o morales en contra de lo “anormal”, fomentando así la discriminación; piensa en el ejemplo del matrimonio entre hombre y mujer como algo “completamente natural”, pero como el sistema por otro lado degrada las uniones entre hombres o entre mujeres, por ejemplo.

Imagina el típico caso donde él está conduciendo el automóvil, y ella (su mujer) está sentada a su lado con cara de pocos amigos – llevamos una hora dando vueltas, estaciónate y pregunta dónde está la calle que buscamos... – El finge demencia y piensa para sí mismo – yo sé donde está la calle que buscamos, está por aquí muy cerca...- ¿Necedad masculina? ¿Histeria femenina?

El Doctor Hugo Liaño, Jefe de Servicio de Neurología de la Clínica Puerta de Hierro de Madrid, y autor de “Cerebro de Hombre, Cerebro de Mujer”, explica que el cerebro masculino tiende a estar organizado de manera que lo hace tener más habilidad en percepciones espaciales, razón por la que se fía más de su sentido de orientación e intenta encontrar su destino sin ayuda externa, mientras que el cerebro femenino está organizado de manera que tiende a hacerle más hábil en áreas verbales, lo cual le lleva a intentar resolver problemas por medio de la palabra.

Aún con que encontramos diferencias biológicas específicas entre estructura cerebral de hombres y mujeres, tenemos también evidencia de que ésta biología no es inmune a los estímulos sociales. Las propias diferencias naturales entre hombres y mujeres se ha ido estrechando a lo largo de la historia. El comportamiento en los seres humanos da muestra de una gran flexibilidad, lo que le permite adaptarse a extremos sociales y culturales.
 

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